La provincia de San Juan, ubicada en el sur de la República Dominicana y con una población de más de 250,000 habitantes, fue el epicentro noticioso del país en la última semana por su lucha contra la explotación minera de la Loma de Romero.
La lucha, que se extendió por años y que fue crucial en las últimas semanas, logró que el presidente Luis Abinader decidiera suspender toda actividad relacionada con este proyecto, visto como una amenaza para la provincia más productiva de la región sur del país.
Y es que en San Juan se produce el 70 % de las habichuelas que se consumen en la República Dominicana; además, unas 200,000 tareas están bajo riego y, de acuerdo con datos proporcionados por organizaciones campesinas, unas 30,000 personas viven de la producción agrícola de la provincia.
Además de su vasta generación agrícola, dicha localidad tiene la bendición de contar con grandes afluentes, como los ríos San Juan y Yaque del Sur, que le permiten disponer de importantes infraestructuras hídricas como las presas de Sabaneta, Sabana Yegua y Palomino, las cuales, además de garantizar almacenamiento de agua, producen energía.
Junto a todas estas riquezas mencionadas, San Juan también cuenta con bondades naturales y culturales para el desarrollo ecoturístico, el turismo de montaña y el cultural. Estos son potenciales que aún deben ser explotados, junto a su tradicional gastronomía, representada en platos como el chenchén con chivo, el chacá y el sancocho de habichuelas.
La historia también es parte fundamental de esta provincia. Allí está presente el legado de los caciques Caonabo y Anacaona, en el cacicazgo de Maguana y símbolos de la resistencia taína ante la colonización de La Española. En esta tierra también cayó Francisco del Rosario Sánchez, uno de nuestros padres de la patria, y allí luchó y murió el líder campesino y religioso Olivorio Mateo durante la primera intervención norteamericana de 1916.
Todo lo antes expuesto demuestra que San Juan es una provincia histórica y heroica por sus continuas luchas, que siguen y seguirán. Su última batalla ha sido librada y ganada contra la empresa de capital canadiense Golden Quest, que buscaba explotar la loma de Romero en esta localidad.
El llamado “granero del sur”, como “Liborio”, demostró que no “coge esa” y que, en una lucha por sus aguas, evidenció que el líquido, aunque insípido, incoloro e inodoro, vale más que el oro que subyace bajo sus tierras. Prefirió cuidarlo para salvar no solo su vida, sino también la de toda una región.
Hay que dejarlo claro: San Juan salvó todo el sur de la República Dominicana. Es la zona de mayor producción de agua y un valle fértil de gran valor para el país. Además, resulta mejor vivir de la producción agrícola que permitir una explotación minera que solo duraría ocho años y aportaría 3,000 empleos y 5,400 millones de dólares que, todos sabemos, no se quedarían en la zona.
Mi reconocimiento a todos los sanjuaneros por demostrar valor, hidalguía, entrega, amor por su tierra y amor por el país. Ahí radica el gran mensaje: aunque el oro brilla, el agua da vida y su valor es incalculable.
Juan Reyes
El autor es periodista.



