
Por Rubén Moreta
La hispanofilia ha sido la corriente ideológica e histórica dominante en República Dominicana. Las élites intelectuales y políticas se encargaron de edificarla para intentar definir qué significa ser “dominicano”.
En el resto de Latinoamérica la hispanofilia quedó relegada a sectores conservadores o a debates académicos, pero en nuestro país se convirtió en la columna vertebral del discurso estatal durante más de un siglo.
La hispanofilia tiene su origen en la búsqueda de la definición de la identidad nacional durante el siglo XIX. Nuestra nación nació en 1844 independizándose de Haití (que había ocupado la parte oriental de la isla durante 22 años) y no directamente de España. Este hecho histórico llevó a que los primeros pensadores sociales dominicanos buscaran marcar una distancia radical frente a Haití.
Para diferenciarse del país vecino (de habla francesa/creole y cultura con fuerte arraigo africano), las élites dominicanas enfatizaron la herencia española: el idioma castellano, la religión católica y las tradiciones europeas.
Indigenismo ideológico
La imposición de la perspectiva hispanófila en República Dominicana se inició con una maroma manipulativa: el indigenismo ideológico. Este se define como el uso político, discursivo y literario de la figura del indígena exterminado para construir una identidad nacional aceptable, al tiempo que se invisibiliza o niega la presencia y herencia de la población afrodescendiente.
Para marcar distancia con Haití, la intelectualidad creó el truco del “indigenismo ideológico”, utilizando la figura del indígena taíno como un amortiguador. Las élites ensalzaron la imagen romántica del indio para construir un mito nacionalista. Se utilizaba el término “indio” (que perdura en la descripción física oficial del dominicano) para calificar la piel morena, eludiendo la raíz afrodescendiente. Esto permitió a la narrativa hispanófila reconocer una mezcla cultura aceptada (del español e indígena), mientras invisibilizaba o rechazaba el aporte africano.
Haití es el “enemigo histórico” percibido. Los conquistadores exterminaron la raza aborigen de la isla, pero ellos no se perciben como un enemigo histórico. Vaya contraste.
La Hispanofilia, una doctrina de Estado
Durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo (1930-1961), la hispanofilia se convirtió en doctrina de Estado. Intelectuales del régimen como Manuel Arturo Peña Batlle y Joaquín Balaguer articularon una ideología basada en la “hispanidad” como único baluarte civilizatorio. Al efecto, se promovió a España como la “madre patria” y “salvaguarda moral del país”.
La educación, la literatura de la época y los textos escolares se diseñaron para glorificar el 12 de octubre y el periodo colonial español. Lógicamente, esta narrativa fue utilizada para justificar políticas racistas y antihaitianas, argumentando que la migración o la influencia africana “degradaban” la cultura hispánica del país.
La hispanofilia sigue presente en los aspectos cotidianos e institucionales, como el sistema educativo, en el currículo escolar y los libros de texto, que abordan el 12 de octubre bajo el término tradicional del “Día de la Raza” o del “Descubrimiento”, priorizando la visión de los colonizadores.
Finalmente, a partir de la hispanofilia dominicana la percepción estética y social prefiere elementos blancos. Es decir, estándares de belleza que valoran más los rasgos europeos (cabello lacio, piel clara) por encima de los afrodescendientes.
Conclusión
La hispanofilia se impuso en República Dominicana para distanciarse de Haití y afirmar una identidad “civilizada, católica y castellana”. Pero objetivamente, la cultura dominicana real es una síntesis híbrida (indígena, africana y europea).
Y negar el componente africano para sobredimensionar el hispánico limita una comprensión crítica de nuestra historia.
El autor es Profesor UASD.


